El Final de la Era de la Iglesia, ... y Después

 

Capítulo 11

 

El tercer tiempo: EL día del juicio

 

    Al comienzo de este estudio, aprendimos que el plan de Dios para el Evangelio a este mundo incluía tres estaciones y tres tiempos. Todas las tres estaciones fueron períodos de lluvia espiritual que produjeron una cosecha espiritual. Quizá recordemos que la primera lluvia temprana justa abarcaba todo el plan del Evangelio de Dios para el Antiguo Testamento. La cosecha que produjo no fue otra sino el mismo Jesucristo nuestro Mesías. El fué la primicia de primicias.
    La segunda lluvia fue la lluvia temprana Pentecostal que produjo la cosecha de primicias de creyentes que fueron salvos durante la era de la iglesia. Ellos están simbolizados por el número 144,000 de los que leemos en Apocalipsis 7 y Apocalipsis 14.
    La tercera lluvia que cayó, durante la tercera estación, fue la lluvia tardía la cual está produciendo una gran multitud que ninguno puede contar durante la Gran Tribulación. Estamos ahora experimentando esta cosecha final de almas al irnos acercando al fin del mundo.
    Entre la primera y la segunda estación, hubo un tiempo de tres años y medio cuando Jesús ministró aquí en la tierra. Fue un tiempo de escasez espiritual de oír la Palabra de Dios. También fue un tiempo de juicio. Durante este tiempo, a Satanás le fue asestado un golpe de muerte y fue echado del cielo. El fue echado espiritualmente en el infierno en el sentido de que quedó totalmente bajo la ira de Dios. Durante este tiempo, Jesús también fue juzgado y experimentó el castigo de la condenación en beneficio de todos los que El vino a salvar.
    Entre la segunda y tercera estación hubo el tiempo del juicio de Dios sobre las iglesias y congregaciones. También éste fue un tiempo de escasez espiritual de oír la Palabra de Dios. También fue un tiempo que se identificó con tres años y medio. Este tiempo de tres años y medio fue un tiempo simbólico y no un tiempo literal. Este segundo tiempo se identifica con la primera parte de la Gran Tribulación durante la cual el juicio de Dios vino sobre las iglesias de todo el mundo. El Espíritu Santo fue quitado de en medio de las congregaciones y Satanás vino a ser el gobernante en ellas. El es la abominación desoladora que se pone en el lugar santo. Los verdaderos creyentes o bien son sacados de las iglesias o Dios les ordena salir de ellas.
    La tercera estación, que se identifica con la última parte de la Gran Tribulación durante la cual, fuera de las iglesias, una gran multitud que
ninguno puede contar es salva, es seguida por el tercer tiempo que coincide con el último día de existencia del mundo. Es el Día del Juicio.

¿Por qué hablar acerca del día del juicio?       

    El tema del juicio de Dios primeramente sobre las iglesias y finalmente sobre todo el mundo es ciertamente el tema más desagradable de la Biblia. Pero es un tema que no puede ser eludido porque, en la Biblia, Dios ha escrito tan extensamente acerca de él. La Biblia completa es el Evangelio. No podemos proclamar el Evangelio sin proclamar el Día del Juicio. Dios ha establecido este principio en II Corintios 5:10:

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.

    Todos y cada uno de los seres humanos tienen que dar cuenta a Dios porque somos creados a la imagen de Dios. Sorprendentemente, si hemos sido salvos, ya hemos estado frente al trono del juicio de Dios respondiendo por nuestros pecados. No, no estuvimos personalmente allí. Tuvimos un substituto, un doble, que estuvo allí en nuestro lugar. Ese substituto fue el Señor Jesús quien fue cargado con todos nuestros miserables, asquerosos y terribles pecados de cada uno de los elegidos de Dios. El fue hallado culpable, por supuesto. Por tanto, la consecuencia para El fue que tuvo que soportar la terrible ira de Dios como pago por nuestros pecados. Esto fue el significado de la cruz. Por consiguiente, estos humanos, cuyos pecados ya han sido pagados porque Cristo soportó la ira de Dios por ellos, y su castigo fue igual al que deberían haber soportado todos y cada uno de los elegidos de Dios pasando una eternidad en el infierno, pueden ser perdonados y pueden convertirse en hijos de Dios. Por tanto, estos individuos ya han enfrentado el trono del juicio de Dios y nunca más estarán allí otra vez. La verdad es que cuando Cristo venga como juez, estos individuos salvos inmediatamente serán arrebatados para estar con El en el aire y estarán para siempre con El.
    Sin embargo, cuáles humanos son los elegidos de Dios no es sabido por hombre alguno. Solamente si hemos sido salvos podemos saber que hemos sido salvos porque obviamente, debemos ser uno de los elegidos de Dios. Entre las abundantes multitudes del mundo, hay muchos de los elegidos de Dios, pero no tenemos la mínima idea de quiénes pueden ser ellos. Por tanto, llevamos el Evangelio a todo el mundo, sabiendo que a través de él, Cristo buscará y encontrará a los elegidos y los salvará.

Se nos manda advertir a los malvados

    Como indicamos al principio, el Día del Juicio es parte integral del Evangelio. A los verdaderos creyentes, por lo tanto, se les ordena advertir a las gentes del mundo que ese día terrible se acerca. En Ezequiel 33, Dios habla de los creyentes como vigilantes o atalayas. Ellos deben sonar la alarma cuando el enemigo se acerca a fin de que la ciudad pueda estar lista cuando el enemigo llegue. Leemos en Ezequiel 33:7-9:

A ti, pues, hijo de hombre, te he puesto por atalaya a la casa de Israel, y oirás la palabra de mi boca, y los amonestarás de mi parte. Cuando yo dijere al impío: Impío, de cierto morirás; si tú no hablares para que se guarde el impío de su camino, el impío morirá por su pecado, pero su sangre yo la demandaré de tu mano. Y si tú avisares al impío de su camino para que se aparte de él, y él no se apartare de su camino, él morirá por su pecado, pero tú libraste tu vida.

    Aprendemos de este pasaje que si no prevenimos a los malos de que morirán por sus pecados (ellos sufrirán el Día del Juicio), nosotros vendremos a juicio. Hemos desobedecido los mandatos de Dios de advertir del juicio que se cierne y esa desobediencia probará que nosotros mismos no hemos sido salvos.
    Por tanto, la naturaleza de este estudio en su mayoría ha sido una advertencia de que el Día del Juicio no solamente viene sino que ya está aquí porque comienza con los juicios de Dios sobre las iglesias y las congregaciones.
    Recuerde, leemos en Apocalipsis 14:7 que los creyentes están para publicar a gran voz que la hora del juicio de Dios ha llegado. En Jeremías 50 y Jeremías 51, Dios está advirtiendo del juicio que vendrá sobre Babilonia. Más tarde en este estudio, aprenderemos que Dios se refiere a las iglesias como Babilonia durante la Gran Tribulación. En Jeremías 50:2, Dios ordena así:

Anunciad en las naciones, y haced saber; levantad también bandera, publicad, y no encubráis; decid: Tomada es Babilonia, Bel es confundido, deshecho es Merodac; destruidas son sus esculturas, quebrados son sus ídolos

    En otras palabras, no tenemos opciones. Como creyentes verdaderos somos atalayas, vigilantes, que estamos para avisar al mundo del juicio que se acerca. Estamos para advertir a las iglesias y congregaciones que ya ellas están bajo el juicio de Dios.

El juicio comienza antes que el día del juicio

    Cuando hablamos del Día del Juicio, estamos hablando acerca del fin del mundo, cuando Cristo venga en las nubes de gloria como juez de toda la tierra. En ese momento, todos los salvos serán arrebatados para estar con El para siempre, y los no salvos, uno por uno, tienen que comparecer delante del trono del juicio. Allí serán hallados culpables de sus pecados y serán sentenciados a condenación eterna para pagar por sus pecados.
    Lo que no reconocemos normalmente es que el tiempo del juicio realmente comienza unos años antes que el tiempo del fin del mundo. La realidad es que comienza al principio de la Gran Tribulación. No comienza con el juicio sobre los malos del mundo, sino que comienza sobre las iglesias y congregaciones que existen en todo el mundo. Podemos saber que esta es la situación cuando examinamos cuidadosamente unos cuantos pasajes de la Escritura. Ya anteriormente en este estudio, hemos visto I Pedro 4:17. A raíz de su clara enseñanza, debemos examinarlo una vez más. Leemos:

Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?

    Un análisis cuidadoso del lenguaje original Griego revela que la primera parte de este versículo se traduciría mejor como “porque es tiempo que el juicio haya comenzado (o, es) de la casa de Dios y si primero de nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios?” Hay dos entidades en mente en este versículo La casa de Dios, por un lado, y aquellos que no obedecen al evangelio, por otro.
    A través de toda la era de la Iglesia, la casa de Dios fueron las iglesias locales a medida que fueron esparciéndose por todo el mundo. Ellas fueron el local del lugar santo porque dondequiera que hubo creyentes verdaderos, normalmente fueron identificados con una congregacion local.
    Por otra parte, fuera de las iglesias, estaban todas las gentes del mundo que no tuvieron interés en la Biblia y ninguna identificación con las iglesias. Ellas están en mente en este versículo como “los que no obedecen al Evangelio de Dios”.   

El juicio comienza con la iglesia local

    De esta manera, en este versículo Dios está dando a conocer el principio de que cuando el juicio comience habrá comenzado en la casa de Dios que se identifica con todas las iglesias. De allí se convertirá en un juicio mundial sobre todas las naciones del mundo. Podemos estar ciertos de que cuando este haya abarcado a todas las naciones del mundo, entonces llegará el día postrero, el fin del mundo.
    El análisis de este versículo es muy paralelo a unos cuantos versículos en Jeremías 25. Recuerde que anteriormente en nuestro estudio aprendimos que Jeremías 25 está centrado sobre el juicio del fin del mundo. Esto se ve en los versículos 26 y 27, que advierten:

A todos los reyes del norte, los de cerca y los de lejos, los unos con los otros, y a todos los reinos del mundo que están sobre la faz de la tierra; y el rey de Babilonia beberá después de ellos. Les dirás, pues: Así ha dicho Jehová de los ejércitos, Dios de Israel: Bebed, y embriagaos, y vomitad, y caed, y no os levantéis, a causa de la espada que yo envío entre vosotros.

    Espiritualmente, el rey de Babilonia es Satanás quien gobierna las naciones del mundo. En Jeremías 25, Dios da una lista grande de naciones que representan a todas las naciones del mundo, las cuales experimentarán el juicio del día postrero. Significativamente, los primeros pueblos mencionados son Jerusalén y Judá. Leemos en los versículos 17 y 18:

Y tomé la copa de la mano de Jehová, y di de beber a todas las naciones, a las cuales me envió Jehová: a Jerusalén, a las ciudades de Judá y a sus reyes, y a sus príncipes, para ponerlos en ruinas, en escarnio y en burla y en maldición, como hasta hoy.

    Como aprendimos a través de todo este estudio, la única entidad que puede identificarse con Jerusalén y Judá son las iglesias y congregaciones.
    Luego, en Jeremías 25, versículos 28 y 29, Dios hace esta declaración:

Y si no quieren tomar la copa de tu mano para beber, les dirás tú: Así ha dicho Jehová de los ejércitos: Tenéis que beber. Porque he aquí que a la ciudad en la cual es invocado mi nombre yo comienzo a hacer mal; ¿y vosotros seréis absueltos? No seréis absueltos; porque espada traigo sobre todos los moradores de la tierra, dice Jehová de los ejércitos.

    En estos versículos hallamos un lenguaje paralelo a aquel de I Pedro 4:17. Por una parte está la ciudad llamada por el nombre de Dios, donde el mal del juicio de Dios comienza. Esa es la casa de Dios de I Pedro 4:17 donde el tiempo del juicio ha comenzado.
    Por otra parte, están todas las naciones del mundo que tienen que beber de la copa de la ira de Dios, es decir, ellas tienen que experimentar el juicio final. De ellas se habla en I Pedro 4:17,como aquellos que no obedecen al Evangelio de Dios.
    En estos dos pasajes paralelos, Dios está enseñando que cuando el juicio del último día está listo para venir, El comienza con juicio sobre las iglesias y congregaciones. Ciertamente, esto enfatiza la perfección de la justicia de Dios. Esos que han vivido en el ambiente predilecto de la iglesia, quienes una vez fueron ilustres, quienes saborearon los dones celestiales, quienes fueron hechos participantes del Espíritu Santo (Hebreos 6:4-6), son quienes primeramente experimentarán la ira de Dios si no han sido salvos. En tanto que Dios trae juicio sobre las iglesias, donde estas personas no salvas generalmente se encuentran, es un testimonio a las naciones del mundo, indicando la integridad perfecta de Dios, al hacer seguir El comienzo del juicio con el juicio del día final.

    Este conocimiento nos ayuda a entender el propósito de la Gran Tribulacion. Es el tiempo cuando el juicio del fin del mundo ya ha comenzado. Cada iglesia, cada congregación en el mundo está ya, por lo tanto, bajo el juicio de Dios. Es un juicio que no puede ser cambiado. Hará la transición hacia el juicio del último día.

¿Cómo será visto el juicio en la iglesia local?

    ¿Cómo será este juicio sobre las iglesias? ¿Qué forma tendrá? Sí, sabemos que el juicio del día postrero será muy similar a cualquier escena en una corte de justicia. El juez será Cristo, quien se sienta en el trono del juicio (Apocalipsis 20:11). El recibirá asistencia en alguna forma de los creyentes verdaderos (I Corintios 6:2). El acusador será la Palabra de Dios. El acusado será cada una de las personas que no fueron salvas. El resultado de este juicio será que los acusados son hallados culpables de pecado. La sentencia es que estarán en el infierno (también llamado el lago de fuego) para siempre jamás.
    Pero si el juicio comienza por la casa de Dios (I Pedro 4:17), que es también llamada “la ciudad en la cual es invocado mi nombre” (Jeremías 25:29), ¿cuál será la naturaleza de ese juicio? Seguramente no será un juicio semejante al juicio del día final.
    Cuando examinamos la Biblia para obtener ayuda con esta pregunta, podemos comenzar a entender este juicio. En primer lugar, hemos aprendido que el Espíritu Santo no está operando dentro de las iglesias para dar sabiduría y dirección a los supervisores y no está aplicando la Palabra de Dios a las vidas de los no salvos dentro de la congregación. Eso ya es un juicio muy severo sobre la iglesia porque, ¿qué es una iglesia sin la presencia de Dios en ella?
    En segundo lugar, Satanás mismo presentándose como ángel de luz reinará en las iglesias. Eso significa que los que están dentro de las iglesias pensarán que están sirviendo a Cristo, cuando en realidad están sirviendo a Satanás.
    En tercer término, quienes estén dentro de las iglesias recibirán la marca de la bestia (Satanás). Esto signfica que ellos ciertamente serán juzgados en el último día porque el Espíritu Santo ya no está en medio de la congregación y estos individuos no salvos no tendrán la posibilidad de salvarse.

¿Están condenados todos los que están ahora en una iglesia?

    Lógicamente la pregunta puede hacerse: Puesto que estamos ahora en el tiempo de la Gran Tribulación, ¿significa esto que todos los que están ahora en las iglesias tienen la marca de la bestia y están por tanto garantizados a terminar en eterna condenación?
    Esta es una pregunta extremadamente espantosa. Pero solamente Dios puede responderla. Ciertamente, si una persona es elegida de Dios, definitivamente será salvo si todavía no lo es. Sin embargo, la naturaleza de una persona salva es hacer la voluntad de Dios. Esto es cierto porque a la persona salva le ha sido dada una alma nueva resucitada en la cual solamente desea hacer la voluntad de Dios. Además, Dios obrará en ella el querer como el hacer por la buena voluntad de Dios (Filipenses 2:13). Por lo tanto, si se trata de un verdadero creyente, deseará ser obediente a todo lo que Dios manda, aún si la obediencia es difícil o no parece razonable. Al seguir en este estudio, veremos que Dios tiene mandatos específicos para los creyentes en nuestro día.

    Por otra parte, si alguien persiste en desobedecer el mandato de Dios, será mejor que se examine a sí mismo para descubrir si en verdad es un hijo de Dios. Si persiste, desobedeciendo el mandato de Dios de salir de la iglesia local, esto será evidencia de que él tiene la marca de la bestia. ¡Qúe terrible!
    El lenguaje Bíblico concerniente a estas preguntas es sumamente impresionante. Pero será mejor que sea escuchado porque las palabras de la Biblia son las palabras de Dios.
    Apocalipsis 13:16 y Apocalipsis 14:9, advierten:

Y el tercer ángel los siguió, diciendo a gran voz: Si alguno adora a la bestia y a su imagen, y recibe la marca en su frente o en su mano, él también beberá del vino de la ira de Dios, que ha sido vaciado puro en el cáliz de su ira; y será atormentado con fuego y azufre delante de los santos ángeles y del Cordero.

    En Jeremías 7:12-16, leemos:

Andad ahora a mi lugar en Silo, donde hice morar mi nombre al principio, y ved lo que le hice por la maldad de mi pueblo Israel. Ahora, pues, por cuanto vosotros habéis hecho todas estas obras, dice Jehová, y aunque os hablé desde temprano y sin cesar, no oísteis, y os llamé, y no respondisteis; haré también a esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, y a este lugar que di a vosotros y a vuestros padres, como hice a Silo. Os echaré de mi presencia, como eché a todos vuestros hermanos, a toda la generación de Efraín. Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.

    ¿Qué sucedió en Silo? Era el lugar donde el arca, la cual debía ser guardada en el lugar Santísimo del tabernáculo, fue traída después que Israel entró a la tierra de Canaán. Por más de 300 años, estuvo allí. Recuerde, el arca representaba la presencia de Dios con Israel. Pero luego en el año 1068 A.C., en los días de Samuel, los Filisteos amenazaron a Israel. Los israelitas con mala intención sacaron el arca del lugar Santísimo al campo de batalla. Leemos de la triste consecuencia de esta acción en I Samuel 4:10, 11:

Pelearon, pues, los filisteos, e Israel fue vencido, y huyeron cada cual a sus tiendas; y fue hecha muy grande mortandad, pues cayeron de Israel treinta mil hombres de a pie. Y el arca de Dios fue tomada, y muertos los dos hijos de Elí, Ofni y Finees.

    Este terrible evento significó que Silo había sido totalmente abandonada por Dios. Nunca más vino el arca a Silo. En Jeremías 7:15, Dios declara que Judá (las iglesias de nuestra época) será echada, y Jeremías 7:14 nos dice: ... esta casa sobre la cual es invocado mi nombre, en la que vosotros confiáis, será echada. Luego viene la declaración aún más impresionante en el versículo 16:

Tú, pues, no ores por este pueblo, ni levantes por ellos clamor ni oración, ni me ruegues; porque no te oiré.

    ¡Qué terrible! Aquí, Dios está ordenando a Jeremías no orar por la nación de Israel, la iglesia de su época. Ahora estamos en el lugar de Jeremías en nuestra época, así que la aplicación es que Dios está ordenándonos que ni siquiera oremos por las iglesias. No hay esperanza de ninguna clase para las iglesias locales. Ni siquiera debemos orar por ellas. Están en un lugar extremadamente peligroso.

Una advertencia de Ezequiel

    El carácter asombroso del juicio de Dios sobre las iglesias está vívidamente descrito en Ezequiel 9. En este capítulo Dios pinta un cuadro de seis hombres a quienes se les ha dado la tarea de destruir a todos los creyentes en Jerusalén, comenzando en el santuario. Siete hombres son escogidos. Seis de ellos cargan un arma asesina. Entre ellos hay un séptimo hombre que está comisionado a ponerles “una señal en la frente a los hombres que gimen y que claman a causa de todas las abominaciones que se hacen en medio de ella” (versículo 4). Luego, a los seis hombres se les dice, en los versículos 5-7:

Y a los otros dijo, oyéndolo yo: Pasad por la ciudad en pos de él, y matad; no perdone vuestro ojo, ni tengáis misericordia. Matad a viejos, jóvenes y vírgenes, niños y mujeres, hasta que no quede ninguno; pero a todo aquel sobre el cual hubiere señal, no os acercaréis; y comenzaréis por mi santuario. Comenzaron, pues, desde los varones ancianos que estaban delante del templo. Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron en la ciudad.

    En este desagradable pasaje, Dios está enfatizando Su propósito para las iglesias y congregaciones. Ellas están simbolizadas por el santuario y la ciudad. Esta profecía puede relacionarse con el juicio sobre las iglesias durante la Gran Tribulación. Esto con toda seguridad indica cuán serio es Dios en traer Su Juicio. Ciertamente indica que no hay discusión o argumento con Dios.
    En los versículos 8-10, la Biblia dice:

Aconteció que cuando ellos iban matando y quedé yo solo, me postré sobre mi rostro, y clamé y dije: ¡Ah, Señor Jehová! ¿destruirás a todo el remanente de Israel derramando tu furor sobre Jerusalén? Y me dijo: La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre, y la ciudad está llena de perversidad; porque han dicho: Ha abandonado Jehová la tierra, y Jehová no ve. Así, pues, haré yo; mi ojo no perdonará, ni tendré misericordia; haré recaer el camino de ellos sobre sus propias cabezas.

    Estos versículos revelan la conclusión de Dios concerniente a la condición de las iglesias. Podemos discutir con Dios de que nuestra iglesia no es tan mala; que nuestro ministro es sincero y fiel; que no podemos ver cómo Dios puede traer Su juicio sobre nuestra iglesia, y que necesitamos más tiempo para pensar en esto; pero Dios está enseñando que Su juicio caerá.
    Vea el cuadro que Dios ha dado. La ciudad y el santuario están llenos con quienes han sido muertos. El versículo 7 registra:

Y les dijo: Contaminad la casa, y llenad los atrios de muertos; salid. Y salieron, y mataron en la ciudad.

    ¿Puede el remanente permanecer en la ciudad? Hemos aprendido de muchos pasajes que los creyentes verdaderos tienen que salir. La ciudad ha venido a ser casa de los muertos.
    Una frase significativa está enfatizada en estos versículos. En el versículo 9, Dios declara:

La maldad de la casa de Israel y de Judá es grande sobremanera, pues la tierra está llena de sangre.

    ¿Qué significa que la tierra está llena de sangre? ¿Nos damos cuenta que cuando una iglesia está reteniendo a sus miembros insistiéndoles que ella permanece fiel y que Dios está todavía salvando, efectivamente, están invocando la muerte espiritual sobre los que asisten? Si el Espíritu Santo ya no está en medio de esa iglesia, los presentes han sido atraídos con engaño a una trampa mortal. Dios ya no está salvando allí, aunque la confianza de ellos es que, por estar allí, Dios podría salvarlos. ¡Qué situación horrible!
    Y mientras más permanecen en la iglesia, más grande es la realidad de que “Por esto Dios les envía un poder engañoso, para que crean la mentira” (II Tesalonicenses 2:11).
    Luego de pronto, es el último día. Una vez que lleguemos al último día, ya será demasiado tarde para la salvación. No hay esperanza para los que permanezcan sin salvación. Será un día triste para quienes permanecieron en las iglesias, esperando que Dios les salvaría. Pero la salvación no es posible en las iglesias hoy, porque el Espíritu Santo ha sido quitado. El Día del Juicio es el día que se identifica con Juan 5:28-29:

No os maravilléis de esto; porque vendrá hora cuando todos los que están en los sepulcros oirán su voz; y los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación.

    También se identifica con Juan 12:48:

El que me rechaza, y no recibe mis palabras, tiene quien le juzgue; la palabra que he hablado, ella le juzgará en el día postrero.

    Es el evento de que se habla en Apocalipsis 20:10-14:

Y el diablo que los engañaba fue lanzado en el lago de fuego y azufre, donde estaban la bestia y el falso profeta; y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos. Y vi un gran trono blanco y al que estaba sentado en él, de delante del cual huyeron la tierra y el cielo, y ningún lugar se encontró para ellos. Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda.

    En Apocalipsis 19:11-15, Dios habla de esto usando expresiones de victoria final sobre el enemigo:

Entonces vi el cielo abierto; y he aquí un caballo blanco, y el que lo montaba se llamaba Fiel y Verdadero, y con justicia juzga y pelea. Sus ojos eran como llama de fuego, y había en su cabeza muchas diademas; y tenía un nombre escrito que ninguno conocía sino él mismo. Estaba vestido de una ropa teñida en sangre; y su nombre es: EL VERBO DE DIOS. Y los ejércitos celestiales, vestidos de lino finísimo, blanco y limpio, le seguían en caballos blancos. De su boca sale una espada aguda, para herir con ella a las naciones, y él las regirá con vara de hierro; y él pisa el lagar del vino del furor y de la ira del Dios Todopoderoso.

    En Apocalipsis 16:16, es referido como la batalla de Armagedón:

Y los reunió en el lugar que en hebreo se llama Armagedón.

Inmediatamente después de la gran tribulación

    El conteo del tiempo de este evento grandioso y terrible es conocido por su relación con el conteo del tiempo del final de la Gran Tribulación.
    En Mateo 24, vemos que Dios nos da una cuidadosa cronología que cubre la relación de la tribulación final con el regreso de Cristo. En Mateo 24:29-30, Dios declara:

E inmediatamente después de la tribulación de aquellos días, el sol se oscurecerá, y la luna no dará su resplandor, y las estrellas caerán del cielo, y las potencias de los cielos serán conmovidas. Entonces aparecerá la señal del Hijo del Hombre en el cielo; y entonces lamentarán todas las tribus de la tierra, y verán al Hijo del Hombre viniendo sobre las nubes del cielo con poder y gran gloria.

    Esto nos dice enfáticamente que el último evento antes del regreso de Cristo es la tribulación referida en Mateo 24:21-22. Las palabras “inmediatamente después” no permiten pasaje alguno de tiempo entre la tribulación y los eventos mencionados en los versículos 29-31.
    Los eventos que siguen inmediatamente a la tribulación - el sol es oscurecido y la luna no da su luz - indican que es el final del tiempo.
    El sol y la luna regulan el pasaje del tiempo. Cuando el tiempo ya no es más, Cristo ha regresado. Es el último día de la existencia de este mundo. Luego leemos que las estrellas comienzan a caer del cielo. Este es el lenguaje del Día del Juicio y la destrucción del universo. Dios nos da más amplificación de este evento en Apocalipsis 6:l2 a 17, donde declara:

Miré cuando abrió el sexto sello, y he aquí hubo un gran terremoto; y el sol se puso negro como tela de cilicio, y la luna se volvió toda como sangre; y las estrellas del cielo cayeron sobre la tierra como la higuera deja caer sus higos cuando es sacudida por un fuerte viento. Y el cielo se desvaneció como un pergamino que se enrolla; y todo monte y toda isla se removió de su lugar. Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

    Este solamente puede ser lenguaje del Día del Juicio. No nos sorprende leer del colapso del universo. En II Pedro 3:10-13, leemos:

Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas. Puesto que todas estas cosas han de ser deshechas, ¡cómo no debéis vosotros andar en santa y piadosa manera de vivir, esperando y apresurándoos para la venida del día de Dios, en el cual los cielos, encendiéndose, serán deshechos, y los elementos, siendo quemados, se fundirán! Pero nosotros esperamos, según sus promesas, cielos nuevos y tierra nueva, en los cuales mora la justicia.

    Vemos que una verdad sobresale. Este universo será destruido cuando Cristo regrese. Tiene que ser destruido porque está bajo la maldición del pecado. Víruses, terremotos, tornados, y hambres están presentes debido a que la humanidad se ha rebelado contra Dios. Por consiguiente, no tan sólo el hombre fué maldito sino el universo sobre el cual el hombre gobernó fue también maldito. Leemos en Romanos 8:20-22:

Porque la creación fue sujetada a vanidad, no por su propia voluntad, sino por causa del que la sujetó en esperanza; porque también la creación misma será libertada de la esclavitud de corrupción, a la libertad gloriosa de los hijos de Dios. Porque sabemos que toda la creación gime a una, y a una está con dolores de parto hasta ahora.

    La creación mira con anhelo urgente hacia la manifestación de los hijos de gloria (los creyentes), porque es en ese tiempo cuando el universo será libertado de la maldición. Inmediatamente después que los no salvos sean juzgados y trasladados al infierno, la redención de la tierra, su destrucción y recreación como una nueva tierra junto con los cielos nuevos, tiene que llevarse a cabo.
    Por tanto, no nos sorprende leer que las estrellas caerán del cielo y que los cielos pasarán con grande estruendo cuando Cristo regrese. De Mateo 24:29 sabemos que esto sucede inmediatamente después de la tribulación.
    Cualquier sistema de enseñanza que sugiera que siguiendo a la tribulación Cristo regresará a esta tierra maldita por el pecado para establecer un trono terrenal, ofrece una sugerencia imposible. El regreso de Cristo que sigue inmediatamente a la tribulación indica el fin del presente universo.
    Podríamos notar la conducta de los no salvos inmediatamente después de la tribulación, cuando el universo se está derrumbando y Cristo regresa
con poder y gran gloria. En Mateo 24:30 leemos que todas las tribus de la tierra se lamentan. En Apocalipsis 6:15-16 leemos que todos los pueblos están en humillante terror y claman a las montañas y a los cerros que caigan sobre ellos para esconderse. Sin duda están en gran terror. ¡Es el gran día de la ira del Cordero! Es el Día del Juicio, cuando ellos tienen que dar cuenta de sus pecados y recibir la justa condenación de Dios como pago por sus pecados.

Los elegidos son reunidos

    Ahora examinemos más cuidadosamente Mateo 24:31, porque allí Dios revela la primera cosa que Cristo hará cuando vuelva en gran poder y gloria. Fíjese cuán paralelas son las expresiones en este versículo con las de I Tesalonicenses 4:16-17; ambos pasajes hablan del rapto. Leemos en el relato de Mateo que Cristo enviará a Sus ángeles. I Tesalonicenses 4:16 habla del sonido de la trompeta.
    Cristo habla en Mateo 24 de juntar a los elegidos de los cuatro vientos, de un extremo del cielo hasta el otro. I Tesalonicenses 4:17 habla de los que viven y son arrebatados para estar con Cristo. Como vimos anteriormente, los elegidos son los creyentes que están siendo arrebatados de sobre toda la tierra. Estos son los creyentes que viven en la tierra, cuya ciudadanía está en los cielos (Filipenses 3:20).
    Así vemos que existe un lenguaje paralelo en Mateo 24:31 y I Tesalonicenses 4:16-17 concerniente a la actividad angelical, el sonido de la trompeta al regreso de Cristo, el rapto de los creyentes, y el final del tiempo, cuando Cristo vuelva para juzgar a las naciones.
    La Biblia habla repetidamente de Cristo viniendo “como ladrón” o “como ladrón en la noche”. Jesús dice en Mateo 24:43 (el contexto trata de Su regreso):

Pero sabed esto, que si el padre de familia supiese a qué hora el ladrón habría de venir, velaría, y no dejaría minar su casa.

    Dios declara en II Pedro 3:10, con respecto a la destrucción del universo al final del tiempo:

Pero el día del Señor vendrá como ladrón en la noche; en el cual los cielos pasarán con grande estruendo, y los elementos ardiendo serán deshechos, y la tierra y las obras que en ella hay serán quemadas.

    En Apocalipsis 3:3, leemos esta advertencia:

Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti.

    En Apocalipsis 16:15, Dios habla del fin del mundo, y dice:

He aquí, yo vengo como ladrón. Bienaventurado el que vela, y guarda sus ropas, para que no ande desnudo, y vean su vergüenza.

¿Vendrá Cristo silenciosamente?

    Sobre la base de estos versículos, varias doctrinas han salido. Entre ellas está la sugerencia de que Cristo vendrá silenciosamente: Repentina y discretamente los Cristianos serán removidos de la tierra. Esta idea ciertamente parece ser válida a la luz del lenguaje de Cristo viniendo como ladrón en la noche.
    ¿Pero es ésto así? ¿Acaso I Tesalonicenses 4:16, que habla del rapto de los creyentes, no sugiere que El vendrá silenciosamente como ladrón? Allí Dios habla de voz de mando y de trompeta de Dios. Esto es cualquier cosa menos venida silenciosa.
    Maravillosamente, la Biblia es su propio comentario. Si seguimos la norma Bíblica de dejar que la Biblia se explique o se interprete a sí misma, una comprensión de la frase “ladrón en la noche” se puede encontrar. Descubriremos que las referencias Bíblicas que usan esta frase de ninguna manera están sugiriendo una venida silenciosa de Cristo. Además, descubriremos apoyo adicional para la enseñanza Bíblica clara de que el rapto ocurrirá simultáneamente con el tiempo del Día del Juicio.
    En I Tesalonicenses 5:1-9, leemos:

Pero acerca de los tiempos y de las ocasiones, no tenéis necesidad, hermanos, de que yo os escriba. Porque vosotros sabéis perfectamente que el día del Señor vendrá así como ladrón en la noche; que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán. Mas vosotros, hermanos, no estáis en tinieblas, para que aquel día os sorprenda como ladrón. Porque todos vosotros sois hijos de luz e hijos del día; no somos de la noche ni de las tinieblas. Por tanto, no durmamos como los demás, sino velemos y seamos sobrios. Pues los que duermen, de noche duermen, y los que se embriagan, de noche se embriagan. Pero nosotros, que somos del día, seamos sobrios, habiéndonos vestido con la coraza de fe y de amor, y con la esperanza de salvación como yelmo. Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo.

    En este pasaje, encontramos una clara referencia al día del Señor viniendo como ladrón en la noche. El día del Señor es el día cuando nuestro Señor Jesucristo vendrá en las nubes con poder y gran gloria. Es el día cuando viene como Rey de reyes y Señor de señores.

Como ladrón en la noche

    En estos versículos Dios enseña que ese día vendrá como ladrón en la noche. ¿Está enseñando entonces que vendrá cuando nadie lo espera? Ciertamente, esto será así para los no salvos. El versículo 3 registra:

Que cuando digan: Paz y seguridad, entonces vendrá sobre ellos destrucción repentina, como los dolores a la mujer encinta, y no escaparán.

    Los no salvos no están esperando que Cristo venga para juicio. Quizá no están esperando Su venida de ninguna manera. Quizá creen, en sus mentes cegadas por la teoría de la evolución, que la humanidad está encontrando respuestas para la vida en este mundo. Estas respuestas quizá les prometen que, si ejercitan diligencia cuidadosa, la humanidad puede continuar un millón de años o más sobre esta tierra. Ciertamente están convencidos de que en lo concerniente al Día del Juicio, si es que en alguna manera llegara a suceder, probablemente será después de transcurrir millones de años. En sus propias mentes han concluido de que no necesitan ajustar cuentas con Dios; piensan que están seguros y que pueden proseguir en sus placeres lujuriosos.
    Si ellos tienen que ver con la Biblia pero no son salvos, debido a que siguen un evangelio diferente al verdadero Evangelio, ellos también se sentirán muy seguros de que el Día del Juicio no es de preocupar. Después de todo, Dios es un Dios amoroso. El no quiere que ninguno perezca. De alguna manera Dios tiene un plan maravilloso para esta tierra y sus habitantes, que asegurará el máximo amor para todos. En su ceguedad, por sus falsos evangelios, los
cuales parecen tan exitosos y ordenados por Dios, ellos estarán confiados en que todavía hay esperanza de una utopía en esta tierra presente. Una vez más, como en el caso de quienes desean negar a Dios por completo, ellos sentirán que todo está seguro.
    Así que, para los no salvos, Cristo viene inesperadamente. Por cierto, Su venida será una sorpresa horrible, porque entonces quienes no son salvos descubrirán que tienen que enfrentar el juicio. Descubrirán que, mientras pensaban que todo estaba bien entre ellos y el Señor, realmente habían estado siguiendo un plan de salvación diseñado a sus propios gustos, en lugar del plan de salvación diseñado por la Biblia. La venida de Cristo será el momento de la verdad. Se darán cuenta que nunca le sirvieron a Cristo como Señor. Ellos estuvieron obedeciendo la Biblia solamente cuando les era conveniente. Nunca confiaron en Cristo como el único que podía salvarlos. En lugar de eso, estuvieron buscando una salvación basada en la gracia de Dios más sus propios esfuerzos meritorios. Pensaron que estaban en paz con Dios y seguros en Cristo, pero era un falso sentido de seguridad. En Su venida la verdad terrible vendrá a ellos de que nunca fueron nacidos de lo alto.

    Para toda esa gente, la venida de Cristo será como ladrón en la noche. Note lo que les sucederá a quienes Su venida sea como ladrón en la noche. Destrucción repentina vendrá sobre ellos, y no habrá escape.
    Este es el lenguaje del Día del Juicio. ¿Recuerda lo que le sucedió a la gente de la época de Noé? Repentinamente fueron inundados con agua y destruidos. ¿Recuerda Sodoma? También ella experimentó destrucción repentina. ¿Recuerda el lenguaje que Jesús usa al hablar del Día del Juicio en Mateo 7:13?

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella.

    En II Tesalonicenses 1:9, Dios escribe:

Los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.

    ¡Qué terrible momento! ¡Qué terrible lugar para estar! No es extraño leer en Apocalipsis 6:16 de hombres clamando a las rocas que caigan sobre ellos y que las montañas los escondan. Ninguna experiencia de trauma que la humanidad haya experimentado jamás puede acercarse al horror del Día del Juicio.
    La Biblia revela más detalles que se relacionan con esta ocasión trascendental. Indica que habrán personas presentes por quienes nuestro Señor no viene como ladrón en la noche: Estas personas son los creyentes verdaderos. Están listos para Su venida porque sus pecados han sido lavados en la sangre de Cristo. Ellos son los que no están bajo el dominio de las tinieblas. Ellos son hijos del día (lo cual es un sinónimo de Cristo mismo). Ellos son los hijos de luz (Jesús es la luz). Ellos pertenecen al Señor. Leemos en estos versículos que el día del Señor no los tomará como ladrón, porque ellos han anticipado Su venida y están listos.
    De esta forma vemos que cuando Cristo regrese en juicio, los creyentes todavía estarán aquí. Por tanto, estos creyentes no podrían haber sido raptados antes. Puesto que el Día del Juicio es el final del tiempo, sabemos que los creyentes serán entonces arrebatados. En ninguna manera experimentarán el juicio, pues I Tesalonicenses 5:9 lo declara:

Porque no nos ha puesto Dios para ira, sino para alcanzar salvación por medio de nuestro Señor Jesucristo

    Sabemos que los creyentes pasarán a través del período de la Gran Tribulación. Ese período no es la ira de Dios que debe ser inflingida sobre los incrédulos como pago por sus pecados. La ira de Dios es el castigo que los no salvos han de experimentar como resultado de sus pecados. El verdadero creyente de ninguna manera experimentará esto, porque Cristo ha cubierto todos sus pecados por Su sangre.
    Apocalipsis 6:15-17 habla elocuentemente de la ira de Dios:

Y los reyes de la tierra, y los grandes, los ricos, los capitanes, los poderosos, y todo siervo y todo libre, se escondieron en las cuevas y entre las peñas de los montes; y decían a los montes y a las peñas: Caed sobre nosotros, y escondednos del rostro de aquel que está sentado sobre el trono, y de la ira del Cordero; porque el gran día de su ira ha llegado; ¿y quién podrá sostenerse en pie?

    Esta es la ira de la cual son libres los salvos. ¡Alabemos a Dios por una salvación tan grande!

    En resumen, entonces, vemos que los versículos de I Tesalonicenses 5 pueden entenderse muy fácilmente cuando reconocemos que existe una ocurrencia simultánea del rapto y el Día del Juicio. Mientras que Cristo viene como ladrón en la noche para traer juicio sobre los incrédulos, los creyentes están listos para Su venida. Para los creyentes El no viene como ladrón en la noche. Para ellos este es un momento maravilloso cuando su salvación es consumada: Son arrebatados para estar para siempre con Cristo.
    Antes de finalizar nuestro estudio, tenemos que pasar un poco de tiempo con el tema: ¿Cuándo es el Rapto? Un estudio cuidadoso a esta pregunta es muy apropiada, dado el hecho de que ocurre inmediatamente después del tiempo de la Gran Tribulación e inmediatamente después de la tercera estación de la lluvia tardía. Examinaremos este tema en el Apéndice C.

 

 


CAPÍTULO 12
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